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EL CAMINO HACIA EL ENVEJECIMIENTO SALUDABLE - 26/3/2015

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En España, los datos sobre el envejecimiento de la población son claros; casi un 24 % de los españoles tienen más de 60 años, un porcentaje que ha ido aumentando exponencialmente y que se prevé seguirá en ascenso. Nuestro país ocupa el puesto 21 del índice global, por encima de países como Portugal, pero por debajo de otros como Reino Unido. Este dato nos convierte en uno de los estados con mayor esperanza de vida, llegando, por ejemplo, a los 84 años de media en algunas regiones.

Cada día los espacios en los que intervienen personas de edad avanzada son más numerosos, ya que existe una mayor cultura de integración y participación a este respecto. Además, a nivel laboral, encontramos un porcentaje creciente de personas en edad de jubilarse que continúan activos por motivos no económicos. El desafío, por tanto, no sólo es vivir más, sino también hacerlo con una mayor calidad de vida; es decir, avanzar hacia el concepto de envejecimiento saludable.  

Según datos, la tendencia en referencia a las enfermedades ha cambiado; se ha producido un evidente aumento de casos de patologías crónicas. Esto no sólo pone de relieve la necesidad de orientar el enfoque médico hacia la prevención y el tratamiento temprano, sino que también evidencia lo crucial de cambiar nuestros hábitos de vida. Y es que la inmensa mayoría de las enfermedades crónicas tienen su origen en una alimentación inadecuada o deficiente y  en la falta de ejercicio físico. De esta forma, envejecer de manera saludable estará íntimamente ligado a nuestra actitud ante la vida.

En los últimos años han ido surgiendo estudios que certifican los innumerables beneficios del ejercicio físico: interviene en la motricidad, equilibrio, elasticidad, flexibilidad o mejora la fuerza muscular, entre otros. A pesar de esto, con la edad tendemos hacia el sedentarismo,   lo que agrava ciertas patologías o influye en su aparición. Este hecho provoca una limitación de la independencia de la persona, entrando en una dinámica negativa. La fisioterapia es una herramienta indispensable en este tipo de casos, ya que no sólo mejora la capacidad física del paciente, sino que también rompe esa dinámica perjudicial que lleva a desarrollar inseguridades que influyen a nivel social.

La práctica de actividades deportivas desde la infancia tiene una repercusión positiva en el desarrollo del adulto, y ralentiza la decadencia física y cognitiva propia de la edad. De este modo, representa una clara garantía para el futuro, al mismo tiempo que reduce los costes sanitarios.

Realizar ejercicio previene y mejora enfermedades crónicas como la osteoporosis o la diabetes, y es un buen método para mejorar nuestra respuesta física ante el estrés, la ansiedad o la depresión, enfermedades propias de nuestro estilo de vida y causa de complicaciones cardiovasculares.

Cuando la actividad física se inicia a una edad madura, debe hacerse con responsabilidad; es decir, los ejercicios deben adaptarse a  las limitaciones y las necesidades de cada persona. De esta manera, es conveniente realizar controles físicos, exámenes que garanticen una buena práctica. En este caso, la fisioterapia tendrá un papel importante, siendo una buena guía para orientar y ayudar al paciente en su proceso de recuperación.

Pero no sólo el ejercicio físico lentifica el proceso natural de envejecimiento, también lo hace la dieta. Así, la alimentación que sigamos a lo largo de nuestra vida marcará nuestra resistencia ante diferentes tipos de enfermedades. Debemos procurar que nuestra dieta sea al mismo tiempo equilibrada, variada y baja en grasas. Al llegar a una edad avanzada, debe cuidarse especialmente, ya que las deficiencias nutricionales en esta fase pueden generar importantes complicaciones de salud. Un ejemplo de ello se refiere al consumo adecuado de proteínas, que según estudios, combate enfermedades y previene el deterioro funcional.

En definitiva, nuestra calidad de vida del futuro dependerá de nuestras acciones del presente. Dieta, deporte, prevención, desarrollo social y participación son algunos de los elementos indispensables para un envejecimiento saludable y activo. El fomento desde los organismos y las familias de ese estilo de vida, marcará el futuro de una sociedad cada vez más envejecida. 



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