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Luxación de la rótula y tratamiento fisioterapéutico - 13/10/2016

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La rodilla es una de las articulaciones más importantes del cuerpo humano. Soporta nuestro peso y nos permite caminar, correr, saltar y en definitiva desplazarnos de forma efectiva, pero por este mismo motivo es una de las articulaciones que más sufren y con mayor riesgo de lesión de nuestro cuerpo.

Un gran número de personas, tanto deportistas como no deportistas, sufren alguna vez en su vida algún tipo de lesión de rodilla, especialmente de la rótula que por su situación y función puede verse afectada tanto por factores genéticos como externos. Entre las lesiones de rótula más comunes, la luxación es, junto a la condromalacia rotuliana, una de las más habituales y en este artículo vamos a descubrir qué puede provocar esta lesión y cómo se trata desde un punto de vista fisioterápico.

Para entender cómo se produce la luxación, primero debemos saber que la rótula es el hueso encargado de proteger la rodilla y de unir esta al cuádriceps, lo que permite que podamos doblar y extender la rodilla. Viendo la importancia que la rótula tiene para nuestro movimiento no sorprende la cantidad de lesiones en esta zona, más aún la luxación, que se produce cuando la rótula se mueve o se sale por completo de su propia cavidad.

Por norma general, la luxación de la rótula es causada por un fuerte traumatismo que provoca que esta se desplace de su posición habitual, lo que conocemos como luxación directa. Pero también hay otros factores de riesgo de luxación de la rótula:

  • Un VMO (Vastus mediales obliquis) débil: Este músculo que forma parte del cuádriceps y que se encarga de mantener la rótula en su posición en movimiento, puede aumentar el riesgo de luxación de la rótula si no es suficientemente fuerte o sus fibras no están adecuadamente orientadas.
  • Pies planos: Esta patología produce desalineaciones en todo el cuerpo y esto supone que la rótula pueda desplazarse o hasta salirse fuera de su cavidad.
  • Un ángulo femoral (o ángulo Q) más grande lo normal: Este trastorno puede provocar que ambas rodillas estén muy juntas y que, al extender la pierna, la rótula se salga aumentando el riesgo de luxación.

La luxación de la rótula presenta unos síntomas muy parecidos a otras lesiones de la rodilla:

  • Inflamación de la rodilla
  • Reducida movilidad
  • Deformidades provocadas por el desplazamiento de la rótula, que en casos de luxaciones fuertes se hacen visibles a simple vista
  • Dolor alrededor de la rótula, que resulta difícil de calmar y que puede acentuarse si a la luxación le sigue una fractura

Un buen diagnóstico es imprescindible para descartar, por ejemplo, una rotura del ligamento cruzado anterior entre otras lesiones. La evaluación de la historia clínica, la exploración minuciosa de la rodilla y una radiografía suelen ser suficientes para diagnosticar la luxación.    

Respecto al tratamiento, la fisioterapia busca en primer lugar controlar las señales inflamatorias mediante reposo, aplicación de hielo y elevación de la pierna para disminuir el riego sanguíneo y la inflamación. Por supuesto, en el caso de una luxación se debe acudir a un médico lo antes posible que, por norma general, prescribirá antiinflamatorios para paliar el dolor y reducir la inflamación, pero el papel de la fisioterapia será vital para la rehabilitación de la luxación.

En esencia, el papel del fisioterapeuta variará según avanza la lesión y su gravedad:

  • Dos semanas después de la lesión: Aplicación de férulas, hielo, vendaje para recolocar la rótula y ejercicios isométricos de cuádriceps para garantizar su fortalecimiento y que la musculatura posterior de la pierna se pueda mover con normalidad.
  • De tres a cinco semanas después de la lesión: Ejercicios de fortalecimiento y potenciación del cuádriceps, como extensión de rodillas al borde la cama o sentadillas apoyados en la pared. Esto ayudará a que el paciente pueda soportar sobre la rótula su propio peso y a aumentar la amplitud de su movimiento. Para aumentar la amplitud de flexión de la rodilla también se recomiendan ejercicios como paseos, natación o ciclismo y ejercicios de propiocepción de la rodilla, cuya intensidad irá en aumento a medida que pase el tiempo.

En las últimas semanas de la rehabilitación, el paciente podrá volver progresivamente a su actividad deportiva normal.

Diagnosticar rápidamente este tipo de lesión y seguir al pie de la letra los consejos de un fisioterapeuta en la rehabilitación permitirán que la rótula vuelva a su posición inicial pudiendo recuperar nuestra actividad habitual.



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