Osteoporosis: el papel de la fisioterapia y el ejercicio en la salud ósea

¿Puede una persona con osteoporosis entrenar fuerza?
Sí, y es uno de los pilares del tratamiento.
¿Caminar es suficiente?
Por sí solo, no: aporta beneficios generales, pero el estímulo que recibe el hueso es bajo.
¿Cómo ayudarla a moverse con confianza? Con una buena valoración y un programa progresivo.
El diagnóstico suele generar miedo a las caídas, a las fracturas e incluso a las actividades cotidianas. La fisioterapia tiene aquí un papel clave: valorar la capacidad física, prescribir el ejercicio y acompañar a la persona para que mantenga su autonomía.
¿Qué es la osteoporosis?
La osteoporosis es una enfermedad esquelética que reduce la resistencia del hueso y aumenta el riesgo de fractura. En ella intervienen tanto la pérdida de masa ósea como el deterioro de la microarquitectura del tejido.
Suele evolucionar sin síntomas hasta que aparece una fractura, con mayor frecuencia en vértebras, cadera, muñeca y húmero. Es más común en mujeres tras la menopausia, pero también afecta a los hombres. La edad, algunos fármacos —como los glucocorticoides— y la inactividad prolongada favorecen su aparición.
Valorar el riesgo más allá de la densitometría
La densitometría es solo una parte de la evaluación. Las fracturas por fragilidad previas, las caídas, la medicación y la capacidad funcional determinan el riesgo real y orientan el abordaje.
En consulta interesa observar cómo camina la persona, cómo se levanta de una silla, qué le cuesta en su día a día y si ha dejado de hacer cosas por miedo.
Un dolor de espalda de inicio brusco en alguien con factores de riesgo, una pérdida de estatura o un aumento de la curvatura dorsal justifican derivar para descartar una fractura vertebral. Detectar estas señales forma parte de nuestro razonamiento clínico.
¿Qué ejercicio ayuda?
El programa se ajusta a los antecedentes de fractura, el equilibrio, la fuerza y la experiencia previa. El objetivo es trabajar tres aspectos: fortalecer los huesos, reducir las caídas y mejorar la postura.
Entrenamiento de fuerza. Es el estímulo con más respaldo. Puede incluir levantarse de una silla, bandas elásticas, máquinas o pesos libres, con una progresión adaptada al punto de partida. Se recomiendan 2-3 sesiones por semana. Bien dosificada y supervisada, la carga alta es una opción viable en mujeres posmenopáusicas.
Impacto y actividades en carga. Caminar a paso ligero, subir escaleras, bailar o realizar pequeños saltos aportan estímulos de impacto. Se aconseja practicarlos la mayoría de los días, adaptando la intensidad al riesgo individual. Combinar trabajo aeróbico y de fuerza mejora la densidad mineral ósea en columna y cadera.
Extensores de la columna. Su fortalecimiento mejora la postura y puede contribuir a reducir el riesgo de caídas y de fracturas vertebrales.
Las recomendaciones deben ser individualizadas. Las personas con fractura vertebral o fracturas múltiples por fragilidad suelen limitar el impacto a un nivel equivalente a caminar a paso ligero y pueden necesitar una valoración específica antes de aumentar la intensidad.
El ejercicio se integra con la alimentación, la corrección de déficits nutricionales y el tratamiento farmacológico cuando está indicado. Las necesidades de calcio y vitamina D se valoran de forma individual.
Los consensos internacionales consideran el entrenamiento de fuerza progresivo indispensable en personas mayores con osteoporosis y el consenso multidisciplinar español de 2025 sitúa el ejercicio regular y la prevención de caídas como pilares ya desde la osteopenia.
Desde la fisioterapia podemos ayudar a ganar fuerza, mejorar la estabilidad y recuperar la confianza en las actividades cotidianas. Para ello hay que valorar, dosificar y revisar.
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